domingo, 4 de enero de 2015

Bella, Bestia, yo, balcón



Bella emite una espera mientras se esponja de amor. Sus ojos verdecósmicos dan envidia a las aceitunas de mi heladera, mi heladera quisiera tenerlos para saber lo que es la calidez. Se apoya en mis manos y en mi cara, todo en sí es un tiempo blando como su piel que al rozar hace un frufrú acosquillante. Te vuelve al lenguaje del instinto, te obliga desde el gesto puro y no pensado a un levantarte mañana y darle de comer, o darle algo, lo que pida, aunque no quieras, aunque sea demasiado temprano, aunque no tengas otra cosa por qué levantarte y aunque las aceitunas de la heladera amanezcan más frías que nunca.

Bestia hace un pacto con tu cerebro y le abre una puerta. Adentro es abajo del todo vale. Abajo no hay derecha ni izquierdas claras, sólo un seguir hacia el fondo de lo que lame tu herrumbre. Tu neurona  cocina venenos en un caldo que anticipa abismos, el abismo juega a las cartas y apuesta al caballo perdedor. Al costado del último descenso un cartel de una sola dirección indica que ya es tarde para ir hacia la luz.

Yo miro ambos polos del mismo balcón, busco el equilibrio, y da menos diez.







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