jueves, 24 de julio de 2014

Déjà vu


Érase aquella vez una cuasiescritora que comenzó a reconstruir palabras en un porquesí anti aburrimiento, hasta que llegó a inventarse un idioma propio y único que descartaba sobras y unía sustantivos, adjetivos y verbos en resignificantes términos casi irreconocibles e inusables en una conversación de rutina. El día en que puso en práctica todo su diccionario nadie más tuvo el don de comprenderle ni una frase, así que mudó su vida y sus palabras a una isla casi deshabitada en medio del océano. Allí camaleonó lentamente con el paisaje antropofóbico, hasta convertirse en una darwinescante especie animal que se deslizó como paria y signo de interrogación por la cadena evolutiva intersticial. Dicen que se le falleció la existencia una tarde de veranosoliento extremo,  tratando de que alguien la entendiera y le vendiera agua dulce a cambio de un empacamiento de poemarios suyos recién salidos de su cajondelirium diurnicreativista.



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