sábado, 19 de marzo de 2011

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

A veces la razón y la superstición  conviven en el mismo espacio, sin molestarse. Creo que eso me está pasando últimamente. Me sucedió en algún otro momento de mi vida, que al terminar una relación, quería compartir con mis más allegados cada una de las sensaciones que iban surcando mi mente y mi alma, como si tuviera un Twitter dentro que se identificara con la idea de que "el dolor compartido, es un dolor más fácil de llevar". Hoy, me pasa todo lo contrario. Todo lo que ocurrió después del quiebre elegí guardármelo para mí, hasta lo más pequeño como un mail despersonalizado, o lo más shockeante: verlo aparecer de nuevo en mi puerta. Hoy elijo el silencio, y no porque le reste importancia a las mismas cosas que antes me conmovían. Es que creo que de esa forma, al no dejarlas salir, no tienen nombre, no tienen forma ni siquiera de palabras. Y así, al no darles ni siquiera una identidad de letra que sale por mi boca, evito que entren por mi oreja y vuelvan, como un bumerang autodestructivo, contra mi corazón. No sé si es la solución, eh... Pero por ahora sirve.

4 comentarios:

  1. jajaja Qué así sea!!! Gracias por escribir!!

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  2. Cuidado, porque a veces de esa manera explotas, en todo caso, escribilo aca.. siempre habran quienes quieran leerte.

    saludos miles!!


    Luuciana.-

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